AVENTURA CRISTIANA





Capitan Allen Gardiner


Cortesia de
Sra. Raine Golab
http://www.flyfishing-argentina.com/rinconcultural/elintrepido.html


Por allá por 1820, Allen Francis Gardiner navegaba a las ordenes de Sir Henry Lockwood. El suyo era un mundo ordenado, uniformado, disciplinado, y tan previsible como casi todo lo era si se pertenecía a la Marina de Su Majestad.

Navegó por el Oriente, conociendo Ceilán, Manila, Macao, hasta Penang en China. El viaje de regreso, tocando Nueva Zelanda, lo llevó hasta las costas americanas, donde ya en 1821, estuvo en las islas Juan Fernández, justo cuando Chile se encontraba en plena guerra de independencia. Finalmente, fondearon en el puerto de Valparaíso, y partiendo desde allí, Gardiner visitó Santiago, y en el Perú, conoció al general San Martín.

Retornaron por la Polinesia y por Australia. Tal vez conoció a muchos infieles por todo el mundo, puesto que una vez en Londres, Gardiner ofreció sus servicios a una sociedad misionera. Se casó con Julia Susanna Reade, tuvieron cinco hijos.

Trece años más tarde, fallecen la esposa y un hijo; no tiene otra alternativa que pedir la baja de la Marina para atender a sus hijos y buscarles otra madre.

Para 1834, ya totalmente decidido a dedicarse a Dios, parte hacia África como misionero, y financia sus recorridos vendiendo biblias. Se interna en territorio zulú donde, poco antes, había sido asesinado el temido rey Chakka a quien reemplazaba ahora su hermano Dingarn.

En África, Gardiner organiza una ciudad y traza sus planos, llamándola Durban en homenaje al gobernador local. Al fin, consigue madre para sus hijos, se casa con Elizabeth Marsh.

En 1837, en ciudad de El Cabo, se le muere otra hija. Al fin se convence que el África no lo quiere recibir, y regresa a Inglaterra cuando se producen los enfrentamientos entre boers y zulúes.

Pero no pierde su entusiasmo. Al año siguiente, está en Río de Janeiro con su nueva esposa y los hijos que le quedan. Ahora intenta ser misionero en Sudamérica, recordando a los indígenas que conoció en Chile y Perú en 1821. Llega a Montevideo, donde presencia el fusilamiento de 80 indios y un oficial; logra cruzar a Buenos Aires no obstante el bloqueo francés. Parte en galera, con su familia, y en 14 días llega a Mendoza. Se hospeda en una chacra propiedad del gobernador Félix Aldao, para aguardar la llegada de la primavera antes de intentar el cruce de la cordillera.

Cruzan los Andes por el paso de Uspallata, llevando a los niños en cestos. Llegan a Santiago. El río Bío Bío es en Chile la frontera con los indios mapuches. Se traslada a Los Ángeles, pero sigue al sur, buscando un lugar para instalar su misión. Mientras, sigue vendiendo, cuando puede, algunas biblias. Finalmente, se entrevista con el cacique Corlaban, pero se retira porque le advierten de la belicosidad de los huiliches. Se repliega a Concepción.

En 1839 Gardiner se traslada vía marítima a Valdivia. Sigue viaje más al sur, hasta el lago Ranco, donde el cacique Naggiman le autoriza a instalarse, pero sólo "por una luna". Ahora emprende viaje a Osorno. Habla con los indios locales, que tampoco le permiten quedarse. Desde Valparaíso, al fin embarca hacia Sydney, decidido a radicarse en nueva Guinea, donde se encuentra durante 1841, y tampoco tiene éxito. Se vuelve a Valparaíso. Decide intentar suerte en Chiloé, y se embarca hacia Ancud, pero este mismo año regresa a Valparaíso para dirigirse, con su esposa y dos hijos, aún más al sur. Arriban a las Malvinas a bordo del "Juana" para la Navidad, a Puerto Louis, donde viven 49 personas en chozas, y no hay autoridad alguna.

Llega a las Malvinas en calidad de Gobernador el capitán Richard Moody, en 1842. Gardiner deja a la familia en Puerto Louis, contrata la goleta "Montgomery" de Charles Melville que lo lleva a la isla Nueva, en el canal de Beagle, donde encuentra a dos balleneros en plena actividad. Aquí le hablan de la tribu tehuelche que anda por la banda norte del estrecho de Magallanes, y del criollo San León, o Santos Centurión, que viaja con la tribu. Al fin, la misma "Montgomery" lo cruza a la costa fueguina y de aquí sigue a la bahía Gregorio. Centurión le cuenta que un año atrás falleció la reina María, que conoció a los misioneros Titus Coan y William Arms, y Gardiner se convence de la buena voluntad de esta gente para conocer la palabra de Dios.

Regresa contento a Puerto Louis, donde están las naves "Erebus" y "Terror", al mando respectivamente de los capitanes James Ross y Francis Crozier, que se dirigen a la Antártida en misión científica. Gardiner parte hacia Inglaterra, ahora sí convencido que ha encontrado su destino.

Después de seis años de recorrer el mundo con su familia, buscando empeñosamente un lugar donde oficiar como misionero y vendiendo biblias, llega a Inglaterra en 1843..

Se organiza, recauda donaciones, y rápidamente zarpa, a bordo de un carbonero, con destino a la Isla de los Estados, esta vez solo. Hace escala en Montevideo, que está rodeada por las fuerzas de Oribe, aliado de Rosas. El puerto está otra vez bloqueado pero igual se las arregla para cruzar a Buenos Aires. Aquí conoce al pastor John Armstrong quien lo ayuda. Viaja hacia el norte a predicar y vender biblias. Llega a Córdoba en diligencia y visita al gobernador Manuel "Quebracho" López. En Santiago del Estero gobierna Felipe Ibarra, Gardiner sigue vendiendo biblias. Finalmente, en Tucumán se entrevista con el gobernador Celedonio Gutiérrez y sigue con sus biblias, aunque el cura católico avisa a los feligreses, durante sus sermones, que se trata de "libros herejes". Regresa a Montevideo.

Gardiner está de vuelta en Inglaterra, después de siete meses de ausencia, y se dedica a organizar una Sociedad Misionera propia.

Acompañado por Robert Hunt, cruza el Atlántico en 1845, en viaje relámpago, directo a la bahía San Gregorio para ir preparando las cosas; reembarca hacia Valparaíso y en junio está de vuelta en Inglaterra.

En setiembre del mismo año, el incansable Gardiner llega una vez más a Montevideo, justo que Inglaterra y Francia están en guerra con el gobierno de Buenos Aires. Buenos Aires a la vez tiene conflictos con la provincia de Corrientes y con el Paraguay, y Gardiner quiere viajar al Pilcomayo! Y lo hace: embarca hacia Valparaíso vía cabo de Hornos...

Arriba a Valparaíso en 1846, y de aquí se traslada al puerto boliviano (sí, boliviano) de Cobija. Para marzo llega, nomás, al Pilcomayo, después de un penosísimo trayecto. Debido a la disentería se repliega a San Luis de la Frontera, donde lo visita el gobernador Sebastián Estensoro, quien le promete su apoyo si presenta un proyecto concreto de evangelización de los indios ante el Congreso de Bolivia. Feliz porque al fin dispone de apoyo institucional, Gardiner retorna a Cobija desde donde se dirige a Panamá y a Inglaterra.

En Bolivia, cambian las autoridades debido a una revolución: Gardiner otra vez se queda sin la garantía oficial para instalarse en el Gran Chaco. Así que se dedica a recorrer Inglaterra y Escocia recaudando fondos, nuevamente pensando en la región fueguina.

En Oxford, Inglaterra, corriendo el año 1847, se conocen Waite H. Stirling y Allen F. Gardiner; éste último ya había fundado la Sociedad Misionera de la Patagonia.

En setiembre del siguiente año, Allen Gardiner y sus colaboradores navegan en el "Clymene" hacia la isla de los Estados y desembarcan en la isla Picton; reman hasta Banner Cove con los botes que se han traído, levantan una choza y ... aparecen indios canoeros.

Resultan tan molestos los indios yaganes, que Gardiner regresa al barco y parte una vez más, no sin dejar un par de cabras y plantar algunas semillas. Aquí concibe la idea de una misión flotante-itinerante para recorrer toda la región constantemente. Regresa a Inglaterra por Panamá, visitando otra vez Perú, de pasadita, donde vende algunas biblias más. Ya llegó el año 1849.

Gardiner emprende otra vez la recaudación, para lo que no es muy bueno, pero conoce a George Packenham Despard, que queda a cargo de la administración de la Misión y recorre el país recaudando fondos, resulta muy bueno en esto. Lejos de abandonar el proyecto, ahora que tiene un buen recaudador, Gardiner quiere ir a Wulaia, donde FitzRoy dejó a Jemmy Button en 1832.



Jemmy Button


Mas sobre Jemmy Button


Como no han reunido suficiente como para construir un bergantín, compran dos pequeños veleros que, como novedad, tienen casco de hierro, lo que consideran adecuado para la zona austral. Son bautizados "Speedwell" y "Pioneer".

Con sus dos veleros, Gardiner arremete nuevamente. En esta oportunidad, incorpora al cirujano Richard Williams, a un catequista llamado John Maidmant, al carpintero Joseph Erwin y a tres robustos pescadores de Cornwall: Badcok, Pearce y Bryant.

El 5 de diciembre de 1850, después de 3 meses de viaje, los barcos de Gardiner llegan a Tierra del Fuego, a la isla Picton, donde aún pastan las cabras que dejara un año antes; el "Ocean Queen" que los trajo se va, así que desde ahora, sólo dependen de sus dos lanchones. Reencuentra a los indios que quieren apoderarse de todo lo que ven. Como no pueden detenerlos, ni combatirlos (la misión es evangelizadora), vuelven a cargar lo que pueden salvar y parten.

Los yaganes persiguen constantemente a Gardiner, con sus canoas más ligeras que las pesadas embarcaciones misioneras. Finalmente, encuentra reparo en Spaniard Harbor (Bahía Aguirre). No es buena costa, el "Pioneer" queda destrozado, y los hombres comienzan a tener problemas de salud. El mar invade la cueva donde viven, barriendo con todo, incluyendo las biblias. Así que se decide y, con el "Speedwell", navega hasta la isla Picton, donde pinta grandes mensajes para algún buque de auxilio, sobre los peñascos de Banner Cove: "Caven aquí abajo vayan a Spaniard Harbor marzo 1851" y debajo, entierra una botella conteniendo un mensaje.

Del 22 de junio es la última anotación en el diario de Williams. Sus últimas palabras: "La voluntad del Señor sea hecha". Bradcock es el primero en morir.

En julio, Gardiner escribe que hace siete semanas que están a ración reducida y que, últimamente, aún ésta ha sido limitada por la necesidad. En agosto mueren Edwin y Bryant.




Gardiner en agonia en Puerto Espanol no muy lejos de Puerto Williams


El 4 de setiembre Allen Francis Gardiner hace la última anotación en su diario: "Alabanza a Dios, gratitud al prójimo".

Allen fue el último en morir de primavera llegó sin
haber compartido el Evangelio de Dios con
ni un solo indio Yagan. Estas son algunas
pasajes se encuentran en su diario lo siguiente: (traducido del
Español)

"Señor, a tus pies humildemente caigo, y doy
todo lo que tengo, todo lo que necesito es tu amor.
Faltar es lo mejor, para todos es el suyo, tenga cuidado
de mí en esta hora de prueba. No dejes que
tengo los pensamientos de un quejador. Hazme
creer en su poder que da la vida y voy a
aprender a alabarte llevando su
cruz ... El 29 de agosto de 1851 a la edad de
57, cuando el invierno está llegando a su fin,
dice adiós a su esposa e hijos y
incluyó estas palabras:

"Si el deseo me fuera dado para el bien de mis
vecinos (humanidad), sería que la Misión en
Tierra del Fuego se persiguiera con vigor.
Pero que
el Señor haga y dirija todo porque el tiempo
y la razón son suyos y sus corazones están en su manos ...".


El 21 de octubre, la "John E. Davison" al mando del capitán William Smiley y con Piedra Buena como oficial, encuentra la "Speedwell" y los cadáveres de Williams y Pearce a bordo, y a Bradcock apenas sepultado en las inmediaciones. Se retira por un temporal sin haber encontrado a los demás.

En enero de 1852, por orden del Almirantazgo, la nave "Dido" al mando del capitán Morshead encuentra, también guiado por las pinturas sobre los peñascos de Picton, encuentra el lanchón "Pioneer", así que la tripulación sepulta a Gardiner y Maidment, y rescata el precario diario del misionero. Todos, Allen Gardiner, el médico, el catequista y los marineros, murieron de hambre, frío y enfermedad.

Este hombre de increíble voluntad, intentó evangelizar a pagamos en África, en la Araucanía chilena, en Nueva Guinera, a los tehuelches del estrecho de Magallanes, en el Caco boliviano y a los yaganes del canal de Beagle. Rechazado en todas partes, sin haber logrado un sólo converso, fue el primer mártir de la Tierra del Fuego actualmente argentina.

Si se piensa en la época, en las condiciones en que viajó, los lugares por los que anduvo y las distancias que recorrió, se concluye que dar la vuelta en 80 días en globo, vendría a ser turismo de cinco estrellas.

Su misión no concluyó con su muerte; fue continuada por Despard, padre adoptivo de Thomas Bridges, quien fue el primer residente de Ushuaia...


Fuente: "Captain Allen Gardiner, sailor and saint", por Jesse Page. Ed. Patridge & Co.


Allen Francis Gardiner

 

Inmovilizado donde se refugiaba, hizo un gran esfuerzo y se quitó uno de los zapatos para beber el agua que había goteado dentro de él. No mucho después, con mano temblorosa hizo una última anotación en su diario: "Grandes y maravillosas son las gracias de amor de mi bondadoso Dios. Me ha preservado hasta ahora y durante cuatro días, aunque sin alimento corporal, sin ningún sufrimiento de hambre o por sed".

Quien así se expresaba, después de más de ocho meses de sobresaltos y angustias en el extremo sur de nuestro continente, consciente de que su suerte semejante atravesaban sus seis compañeros postrados en las inmediaciones, era el capitán de marina Allen Francis Gardiner.

Había nacido en Inglaterra en 1794, en el seno de una familia anglicana de buena posición. Cursó estudios en el Colegio Naval y se echó al mar a los dieciséis años. Llegó a ser comandante, pero a los cuarenta se retiró de la marina para dedicar los restantes diecisiete años de su vida a abrir caminos para la evangelización de las poblaciones autóctonas del mundo, especialmente en América del Sur, en cumplimiento de un llamado experimentado años antes.

Durante sus viajes por el "nuevo mundo" había tomado conciencia del deplorable estado en que vivían los aborígenes y de la consiguiente urgencia de llevarles el mensaje de salvación. El mismo no se consideraba capacitado para realizar la tarea misionera propiamente dicha, pero anhelaba preparar el terreno para la posterior llegada de misioneros.

Sus primeros viajes los costeó él mismo, pero luego inspiró la formación de una entidad que solventara e impulsara la misión, comprometiéndose él a dar el primer paso.
A veces viajaba solo, otras en compañía de su mujer y sus hijos (con los cuales alcanzó a dar una vuelta entera al mundo en el hemisferio sur, en barcos a vela, en busca del lugar donde comenzar los trabajos).

Sólo su formación profesional y la invencible fortaleza espiritual basada en el convencimiento de estar cumpliendo el mandato divino, explican que Gardiner haya perseverado durante tantos años a pesar de sus reiterados fracasos (humanamente hablando): en Sudáfrica, donde debió abandonar su actividad misionera a causa de la situación tribal y política; en Indonesia, donde holandeses recelosos estorbaron su accionar; en el sur de Chile, donde reiteradamente los propios caciques objetaron su presencia; en lo que era entonces el Chaco boliviano, donde la jerarquía católica puso en peligro su vida; en las pampas argentinas, donde la reciente campaña contra los indios hacía inconveniente cualquier intento de iniciar contactos amistosos; en la Patagonia, y particularmente en Tierra del Fuego, la tierra de su martirio.

La hostilidad demostrada por los fueguinos, el rigor de las condiciones de vida en la zona, diversas circunstancias inesperadas y la falta del prometido aprovisionamiento ocasionaron la muerte de todo el grupo inicial, sin que llegaran a establecer un contacto fructífero con los nativos.

¿Qué hemos de pensar ante todo esto? ¿Que Gardiner se anticipó al "tiempo oportuno" de Dios? ¿Que persistió más allá de lo aconsejable? Nos parece que lo prudente de nuestra parte consiste en dejar para la eternidad la respuesta a estos y otros interrogantes, y mientras tanto guardar un respetuoso silencio.

De lo que no cabe duda, basándonos en sus escritos, es el hecho de que Gardiner obró con absoluta sinceridad, y con un ardiente e inagotable deseo de llevar a los naturales el mensaje de la redención.

Con todo, "lo que no pudo este extraordinario místico en su vida -como lo expresó un sacerdote salesiano-, lo realizó con su muerte".

Los repetidos fracasos, y muy especialmente la tragedia en torno a la misión fueguina, fueron el detonante que obró para que, en el momento propicio, su visión se cumpliera en los diversos campos latinoamericanos por los cuales anduvo.

La actual Sociedad Misionera Anglicana para Sud América es fruto directo de su visión. Es ella la que ha impulsado las iniciativas misioneras, educacionales y sociales que posteriormente han llevado a cabo sus misioneros en nuestros países, muchas de cuyas obras hacen eco a la visión de su fundador.

La misión a los fueguinos se hizo realidad años después, aunque al costo de otras vidas martirizadas por la agresividad de los naturales.

Siguiendo la línea de pensamiento de las iglesias históricas europeas de la época, Gardiner evitó tener roces con el catolicismo, aunque sabía de la falta de un verdadero adoctrinamiento en la fe por parte de la Iglesia Católica Romana. Por ello, en algunos de sus viajes exploratorios, Gardiner se ocupó de la distribución de la Biblia y folletos de evangelización, dado que no concebía la posibilidad de una formación genuinamente cristiana de la persona sin el conocimiento de la Palabra de Dios, palabra que conocía muy bien y que citaba constantemente.

Fue, por ejemplo, la segunda persona que llegó hasta el noroeste argentino con este propósito y pasaron muchos años antes de que otros siguieran sus pasos.

Publicó libros sobre sus experiencias, como también folletos, algunos informativos y otros de evangelización. Compuso poesías, en la última de las cuales dice (ya con el fin a la vista):

"Señor, humilde ante tus pies me postro
y todo lo que tengo te entrego.
Lo que Tú quieras en amor pedirme
es mejor que me falte: ¡todo es tuyo!!

Era el año 1851, y ese "espíritu excepcional" entregaba su familia (a la que dejó conmovedoras cartas) y sus 57 años de vida, con todos sus afanes, a su Señor, aquel que había prometido que "el que pierde su vida por causa de mí, la hallará" (Mt. 10.39).

http://biografas.blogspot.com/2006/10/allen-francis-gardiner.html

SAN ALLEN GARDINER


Uno de los más importantes pioneros anglicanos es el Capitán de la Marina inglesa, el Bienaventurado Allen Gardiner, a quien se le denomina como “El Mártir de Tierra de Fuego”.
Nació el 28 de Junio de 1794 en el pueblo de Basildon, en Inglaterra. Poco sabemos de su niñez, pero el 13 de Febrero de 1808 ingresó como Cadete a la Escuela Naval de Portsmouth. Su primer viaje fue en Junio de 1810, a bordo del “Fortune”. Hizo una carrera muy meritoria como marino. En 1814 era teniente. Entre 1811 y 1822 navegó en el “Dauntless” a Africa y Ceylan. En dicho viaje, afirmó su vocación al Ministerio, e hizo una consagración privada al Señor.
Ya en Inglaterra solicitó al Obispo de Gloucester, Diócesis a la que pertenecía, que le confiriera una licencia para trabajar y fue ordenado con las ordenes menores como “Lector .” En 1823 se casó con Susana Reade, con quien tuvo cinco hijos. En 1824 lo encontramos como teniente segundo del “Júpiter” y en 1825 como comandante de la “Clinker”. La mala salud de su esposa los obligó a cambiar varias veces de residencia, hasta que ésta falleció en Mayo de 1834. Gardiner tenía un cuñado que era sacerdote anglicano el R. P. Woodroffe, a quien varias veces acompañó en sus correrías ministeriales.
Ya viudo, Gardiner, renovó su consagración a Dios, solicitó licencia en la Armada, y viajó al África, iniciando un trabajo de evangelización entre los zulúes en Puerto Natal. Durante tres años trabajó en esta obra, debiendo abandonarla cuando se inició la guerra con los boers. De África viajó hasta Argentina en busca de los nativos y luego pasó a Chile ya que, al igual que muchos ingleses, conocía las luchas por la independencia de nuestro país.
En 1836 contrajo matrimonio con la hija de un sacerdote, y durante seis años, ella y sus hijos lo acompañaron en sus viajes misioneros.
En Mayo de 1838, Allen y su familia, viajan de Inglaterra a América del Sur, primero Río de Janeiro, Buenos Aires, Mendoza y luego de allí cruzaron la cordillera hacia Chile. Dio inicio a una obra misionera entre los Mapuches, que no prosperó, en parte por las dificultades del idioma y en parte por la desconfianza de los nativos hacia los blancos , además su Misión carecía de sacerdotes, y así solo podía ofrecer enseñanza en un idioma desconocido para los aborígenes, que aparte del suyo solo podían conocer algo de castellano.
De vuelta a Inglaterra, cargando con el fracaso de su Misión, no le fue aceptado por la Sociedad Misionera su proyecto de Misión en Bolivia. Entonces ofreció financiar él mismo la Misión, hasta que la Sociedad Misionera pudiera ver resultados. Así fue como en 23 de Septiembre de 1845, acompañado de un joven de nombre Federico González, se embarcan para Argentina, para cruzar por el Río Paraná, lo que no pudieron debido a la situación política de ese país. Se fueron entonces a Valparaíso y ahí se embarcaron hasta Cobija, puerto Boliviano en el Pacífico, en aquella época anterior a la Guerra con Chile de 1879.
De Cobija viajaron a Tarija en donde arribaron en Marzo de 1846. La Misión se inició con buenos augurios y consiguió el apoyo de importantes personajes en Bolivia, como el Procurador General de la Nación y el Presidente de la República, quienes lo autorizaron a evangelizar a los indígenas bolivianos. Informada la Sociedad Misionera de Inglaterra de tan buenos augurios le envió ayuda financiera y a demás a otro joven español, llamado Miguel Robles, para que lo ayudara. Pero Bolivia siempre se ha caracterizado por su poca estabilidad política y así, al poco tiempo, el gobierno liberal que había dado facilidades a Gardiner, fue depuesto por una revolución, y asumió el gobierno el Partido de los Conservadores, muy unido a la Iglesia Católica Romana, que obligó a los Misioneros a abandonar la obra y salir del país.
Este nuevo fracaso hizo que Gardiner pusiera sus ojos en Tierra del Fuego, una tierra austral en que sólo había indígenas, ya que la civilización de España no había llegado allá, y menos la chilena, y por lo tanto tampoco la Iglesia Católica Romana.
En el intertanto podía hacerse a la mar para llegar al extremo Sur de Chile, se dedicó a vender Biblias, especialmente en Argentina, recorriendo Mendoza, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, no precisamente en ese orden, pero que le permitió conocer más al país y sus habitantes. Tampoco le fue bien, en muchas ciudades la Biblia era rechazada como herética y/o peligrosa, y los sacerdotes romanos usaron eficazmente el púlpito en contra de los vendedores de Biblias.
Su gran ideal era la evangelización de los indígenas de la Patagonia y de Tierra del Fuego, y sus fracasos en otras tareas los interpretaba como que Dios le estaba indicando que ésa era su vocación y no otra.
Inició gestiones para tratar de abrir una Misión en la Patagonia y solicitó ayuda de las Sociedades Misioneras, al no lograrlo fundó el 4 de Julio de 1844 la Sociedad Misionera de la Patagonia. Viajo entonces por Inglaterra y Escocia solicitando ayuda a los particulares con magros resultados. Sin embargo estos fondos reunidos le permitieron organizar una expedición misionera con cuatro marineros y un carpintero, en un ballenero, llevaba dos carpas indígenas y provisiones para seis meses. Ningún sacerdote les acompañaba.
El 7 de Enero de 1848 salieron desde Cardiff, llegando a destino en Tierra del Fuego el 17 de Marzo de ese año. Las inclemencias del tiempo y la naturaleza feroz de los indígenas los hizo abandonar el primer intento, dando por fracasada la expedición.
Gardiner no era hombre de deprimirse ni desmoralizarse, volvió a Inglaterra a fin de preparar mejor la expedición, considerando ese viaje solo como de observación.
Presentó solicitudes a la Sociedad Misionera de la Iglesia, pero fue rechazado, entonces se dirigió a las Sociedades Misioneras Protestantes como la de la Iglesia de Misiones Extranjeras de la Iglesia Presbiteriana de Escocia, y además lo intentó con la Sociedad de la Iglesia Morava, todas con resultados negativos.
A todo esto Gardiner encontró alguien que le respaldara, el sacerdote G. P. Despard, de Bristol, hombre de piedad, coraje y energía que creyó en Gardiner y lo ayudó, incluso con dinero para la Misión. Finalmente convenció a la Sociedad Misionera de la Patagonia para que lo ayudara, modificando sus planes primitivos, en vez de un bergantín, dos lanchas de 8 metros de largo, cada una, y dos botes para que sirvieran como muelles entre ellas, y propuso que sus tripulantes se reclutaran entre los pescadores de Cornwall, acostumbrados a navegar en mares borrascosos. El creía que las lanchas serían suficientes para navegar por los canales del Estrecho.
Volvió a hacer una gira de recaudación de fondos por Inglaterra y Escocia, con pocos resultados, hasta que una piadosa dama de Cheitenham le entregó una importante donación de mil libras esterlinas, que permitió iniciar de inmediato las gestiones para partir.
En esta expedición se le unieron Richard Williams, un barbero cirujano de Burslen, Joseph Erwing el carpintero naval, y John Maidment, además de los pescadores John Paerce, John Badcock y John Bryant. Otra vez ni un solo sacerdote se dignó a acompañarlos, lo que demuestra que la Iglesia no estaba interesada en esta expedición ni creía en Gardiner.
El pequeño grupo zarpó desde Liverpool el 07 de Septiembre de 1850, en el “Ocean Queen”, rumbo a Tierra del Fuego. El 5 de Diciembre fondearon en la Bahía Banner y al día siguiente se propusieron construir una choza y una cerca, llegando a la Isla Picton el 18 de Diciembre donde fueron dejados, al amparo de Dios y en la soledad de esas costas tormentosas.
Gardiner tenía el plan de ir a Wulaia, una bahía del otro lado de la gran Isla Navarino, a buscar a Jemmy Button, un indígena llevado por el Almirante Fitz-Roy a Inglaterra en su primer viaje y devuelto a sus tierras en 1834, es decir diecisiete años antes de Gardiner. Button fue llevado a Inglaterra junto con otros indígenas, tres hombres y una niña. Uno falleció, el hombre y mujer se casaron y de Jemmy Button, nunca más se supo. Un escritor chileno, don Benjamín Subercaseaux, en su obra “Jemmy Button” (Ediciones Ercilla 1950) al narrar la historia novelada de Robert Fitz-Roy y el descubrimiento del Canal Beagle, cuenta con lujo de detalles, que vale la pena leer, las peripecias de esos fueguinos.


Los indígenas, a quienes se supone venían a enseñar el Evangelio, se manifestaron muy belicosos y hostiles y no lograron nada con ellos, ni acercarse durante los primeros cuatro meses. Las provisiones escasearon y la ayuda que sus hermanos de raza y fe les prometieron jamás llegó. A duras penas se libraron varias veces de los indigenas. Por largo tiempo no pudieron pescar ni cazar debido a las inclemencias del tiempo y la hostilidad de los nativos. Los frustrados misioneros empezaron a decaer y enfermar, salvo Gardiner, que mantenía su fe incólume así como su entrega al Señor. La carne seca que llevaban se les acabó, y no había animales que cazar. Una vez lograron cazar un zorro, que comieron con mucho gusto y gracias a Dios.
Dada la angustiosa situación, y como no aparecía barco alguno, en Marzo de 1851 decidieron hacer un esfuerzo desesperado para conseguir socorro. En una roca pintaron un letrero con la siguiente leyenda :” Gone to spaniard harbour”. En la base de la roca enterraron tres botellas explicando su desesperada situación. Volvieron en Abril y luego en Mayo sin que hubiera rastros de ayuda.
Gardiner, que no era sacerdote, entre tanto celebraba los Oficios Litúrgicos Matutino y Vespertino para él y sus compañeros y mantenía viva la llama de la fe y de la esperanza. Así consta de su Diario que fue encontrado con posterioridad. Jamás decayó su fe en Dios ni su entrega a su voluntad ni de él ni de sus compañeros. Pero tampoco pudieron evangelizar a ningún indígena o habitante de esas soledades.
Cada día en el Diario, Gardiner relata una desgracia, enfermedades, heridas, muerte de algún compañero misionero, ataques de indígenas, hambre y miseria, pero junto con estampar el hecho doloroso agrega una oración de confianza en la bondad de Dios y de acatamiento a su voluntad.
El 28 de Junio de 1851 muere John Badcock, cantando un himno de confianza y entrega al señor. En Agosto murió Joseph Erwing, el 27 de ese mismo mes, John Bryant y el 2 de Septiembre John Pearce. Williams también muere, pero no sabemos exactamente cuándo. El día 6 de Septiembre de 1851 aparece en el Diario el último escrito de Allen Gardiner, que pese a la desesperada situación no hace sino escribir con magníficas palabras de alabanza y adoración a Dios y de amor a Jesucristo.
Todos ellos murieron de hambre y de sed. Pero jamás decayó su fe, murieron alabando a su Señor, algunos incluso entonando himnos con su último aliento. Entregaron sus espíritu al Señor, como lo hacen los santos, en paz y con la confianza de ser recibidos en el Reino.
Y así termina la historia de esta expedición de Misioneros anglicanos ingleses, todos laicos, que entregaron su vida tratando de traer a este continente, en la persona de fueguinos, patagones, onas y alacalufes el mensaje de salvación de Jesucristo. Todos ellos Mártires de la fe cristiana, que murieron con la Palabra de Dios en la boca y su corazón entregado al Señor.
Es cierto que en esta historia no hubo derramamiento de sangre, sin embargo siete hombres dieron su vida por traer el Evangelio a estas costas.
Nuestra Iglesia reconoce su aporte y nos consideramos herederos de su espíritu y temple cristiano.
Los veneramos como Santos de Dios y recordamos su memoria el 10 de Septiembre.

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Capt. Richard Williams

El nombre del Capitán de marina Allen F. Gardiner ha pasado a la historia de las misiones cristianas, y se mantiene vivo gracias a libros escritos sobre él y sus actividades, como también gracias a diversas instituciones que llevan a su nombre.

En cambio, poco se dice sobre los que murieron a su lado en las lejanas tierras del extremo sur del continente americano. No obstante, son héroes o mártires igualmente merecedores de un lugar en la historia de los esfuerzos por llegar a las poblaciones autóctonas del mundo con el redentor mensaje del evangelio.
El médico cirujano inglés Richard Williams es uno de ellos.

En este breve bosquejo, sin embargo, rendimos homenaje tanto al doctor Williams como a los demás colaboradores de Gardiner: el catequista laico John Maidment, quien le fue presentado por el secretario de la "Asociación Cristiana de Jóvenes" de Londres como alguien que "se adaptaría" para cumplir la misión de evangelizar a los fueguinos; los marineros John Badcock, John Bryant, y John Pearce, hombres "muy piadosos, que conocían bien el peligro de enfrentar aquellos mares con esos medios"; y el carpintero naval Joseph Erwin, quien al comenzar este viaje hacia el sur no era todavía creyente. Todos ellos, junto al capitán Gardiner, ofrendaron su vida en Tierra del Fuego en 1851.

Williams nació en Inglaterra en 1815 y posteriormente siguió estudios de medicina en la Universidad de Londres, por la cual se graduó a los veintiséis años de edad.
Ejercía su profesión con eficiencia y éxito, sin preocuparse mayormente por su vida religiosa, cuando, ya en 1846, "fue presa de una gravísima enfermedad que lo enfrentó directamente con la muerte".
Más bien incrédulo hasta ese momento, la visita y las palabras de un "hombre de Dios" que le habló acerca de Jesús le permitieron alentar esperanzas, a tal punto que en seguida "la fe en aquel santo Nombre -dice el propio Williams- logró rápido ascendiente en mí, mis tinieblas se convirtieron en luz, y en poco tiempo experimenté un dulce sentimiento de la misericordia perdonadora de Dios".

Una vez fuera de peligro se vinculó formalmente con la Iglesia Metodista, "en la que encontró el ambiente que su carácter fogoso y emotivo reclamaba", y en la que llegó a ser predicador local y misionero a los pobres de la región.

Algunos años después se enteró de lo que el capitán Gardiner se proponía hacer, y se puso en contacto con él con el propósito de ofrecerse a colaborar en la expedición, dado que había "decidido entregar toda [su] vida y servicios a la causa de Dios", según sus propias palabras. Tras un examen teológico, fue aceptado como catequista, aunque por cierto que paralelamente tuvo oportunidad de ocuparse de la salud de sus compañeros, como también de la tripulación del barco.

Al comenzar el viaje hacia el sur, Williams alude en su diario a las emociones encontradas que experimentaba, si bien sobresalía "la sensación de gozo que [le] causaba la certeza de hallar[se] ... ocupado en la gran tarea de llevar el conocimiento del Salvador del mundo a un pueblo pobre, sumido en las tinieblas, a una raza de indios".
Pocos días después, empero, pone de manifiesto "cierto sobrecogimiento ante las nuevas perspectivas", tan diferentes de lo que habían sido su vida y sus ocupaciones hasta ese entonces.Al llegar a destino (a fines de 1850) las impresiones iniciales del doctor Williams no fueron muy positivas.
"Es un lugar ... de lóbrega tristeza y de desesperante soledad" escribe, aunque luego su parecer cambia en alguna medida al mejorar el paisaje. En cuanto a los naturales del lugar dice que "parecía imposible que fuesen seres humanos" y poco después, ante la hostilidad de los mismos comenzó a pensar, a diferencia de Gardiner, que "no era posible quedarse allí".

No obstante esta diferencia de opinión, resulta evidente en todo momento el aprecio que siente por el capitán, a quien describe como una persona "de una piedad fervorosa, modo de ser sumamente sencillo, con una grandeza de alma que raya en la exaltación ... su pensamiento es evidentemente profundo, saturado de la Palabra de Vida".

A medida que iba pasando el tiempo y se multiplicaban las adversidades Williams alterna entre momentos de duda y angustia ante la realidad que estaban viviendo (las adversidades climáticas, la implacable hostilidad de los naturales, la falta de provisiones suficientes y adecuadas) con otros en los que se sentía reconfortado por lo que estaba experimentando en compañía de los demás: "Otro día de gozo, paz y dulce comunión con mi Señor.

Durante la tarde he pasado un rato agradable en oración con los hombres, orando uno tras otro, según la buena y vieja práctica metodista ... Fue un rato bendecido. El Espíritu del Señor estaba con nosotros y cantamos juntos con corazón y voz".
El doctor Williams parece haber sido uno de los primeros en enfermar, atacado por el escorbuto. "Muy débil me he sentido -confiesa- y Satanás ha presionado sus fieros ataques contra mí.
No he tenido fuerzas para leer ni aun para orar. No puedo atraer el gozo a mi corazón y me siento carente en gran medida de amor, gratitud y alabanza. Pero, ¿qué puedo hacer? Lucho por orar, es cierto, y bendigo su santo Nombre. Sin embargo, las palabras no acuden a mi pensamiento, ni los pensamientos vienen a mis deseos ... Veía peligro por todas partes, pero no temía".

En mayo de 1851, cuando ya habían estado en esa situación más de cinco meses, escribe: "Ahora me siento como si estuviera suspendido por un hilo delgado entre la vida y la muerte. Por tres días seguidos he tenido ataques que amenazan con terminar en la muerte. Pero Dios está conmigo. Soy feliz en el amor de Cristo. No puedo escoger, si me fuera dado, si he de morir o de vivir".
Más adelante anota: "Ah, soy feliz día y noche, hora por hora, dormido o despierto soy feliz más allá de donde llega el pobre alcance del lenguaje.
Mis goces están con Aquel cuyos deleites han estado siempre con los hijos de los hombres y mi corazón y espíritu están en el cielo con los benditos. He sentido cuan santa es esa compañía. He sentido cuan puros son sus afectos y me he lavado en la sangre del Cordero y he pedido a Dios las vestiduras blancas ...".

Finalmente, y uno a uno, en la terrible soledad y el helado silencio del extremo sur de nuestro continente, Dios fue recogiendo a su seno a estos hombres que durante meses se vieron limitados a soportar constante hostigamiento, frío, hambre y penosa enfermedad: primero al marinero Juan Badcock, quien momentos antes había pedido a Williams que cantaran juntos el himno "Levántate, alma mía, levántate"; unos dos meses después al carpintero Juan Erwin, aquel que había llegado a conocer la gracia salvadora de Jesucristo poco antes; luego a Juan Bryant, otro de los marineros; a comienzos del mes siguiente al laico Juan Maidment; y por último al marinero Pearce y al cirujano-evangelista Williams.

Al parecer el jefe de ese pequeño grupo de siete personas, el capitán Allen Gardiner, fue el último en ser trasladado a las mansiones celestiales.

El doctor Williams tenía treinta y seis años al morir.
Había ejercido como médico en su tierra natal durante el breve período de nueve años (durante cuatro de los cuales combinó, una vez convertido, su actividad profesional con tareas de predicación y evangelización).

Falleció en su tierra de misión, aunque sin haber comenzado la actividad evangelizadora a la que se había entregado.

En el acto de despedida, cuando el barco que llevaba a este grupo estaba a punto de partir de Inglaterra, Williams había dicho (¿premonitoriamente?): "La muerte no puede causar temor al que sabe que "estar con Cristo es mucho mejor". ... Confiad en esa dulce seguridad".

http://biografas.blogspot.com/2006/11/richard-williams.html


Thomas Bridges

Nació en la ciudad de Lenton, Nottingham (Inglaterra) en el año 1842.
Con tan sólo 13 años de edad se traslada con su padre adoptivo G.P. Despard a las Islas Malvinas y desde allí emprenden viajes regulares al canal de Beagle.

Un año más tarde llevan los primeros yahganes a las Islas y aprovechan el contacto con ellos para aprender su idioma. Este hecho le permitió al reverendo Bridges -en ocasión del viaje del Perdón desarrollado en el año 1863- hablar en la misma lengua de los nativos, ganándose su confianza.

En 1871 efectuó el primer bautismo en la Isla: el hijo de los señores Lewis, nacido en Malvinas, con el nombre de Frank Ooshooia Lewis. Ese mismo año, el 30 de septiembre de 1871 él, su mujer Mary Ann Varder y su hija Mary de nueve meses, se asentaron en las Isla, transformándose en los primeros blancos en hacerlo.

El 6 de noviembre de 1871 se realiza el primer matrimonio en Tierra del Fuego, entre dos nativos, y su ceremonia fue conducida por el reverendo Bridges.

Al año siguiente, el 18 de junio, nace el primer niño blanco en la Isla, Thomas Despard Bridges. En esta época había tan sólo 7 habitantes blancos y ningún médico. Mientras que la primera mujer blanca nació en 1879 y se llamó Bertha M. Bridges (de Reynolds).

En junio de 1884 Thomas Bridges levanta un censo de los yahganes; 273 hombres, 314 mujeres y 413 niños. Total: 1000 personas. Un año después se construye la primera escuela en la misión anglicana.

En 1886 Bridges realiza un nuevo censo, el que da por resultado 397 yahganes en todo el archipiélago (entre octubre y diciembre de 1884 había habido una gran epidemia de sarampión, por la cual mueren la mitad de los yahganes). Nuevas epidemias de escrófula, neumonía y tuberculosis diezman a la población.

Ese año, el 29 de septiembre, Thomas Bridges deja la misión y se hace ciudadano argentino. El presidente Roca, en nombre del gobierno y en agradecimiento por toda su labor con los nativos y náufragos le obsequia tierras, fundándose la primera estancia de la Isla: Haberton.

A los 56 años de edad, Bridges muere en Buenos Aires el 15 de julio de 1898.

http://biografas.blogspot.com/2006/11/thomas-bridges.html

Mas sobre Bridges


Misionaros Anglicanas en Tierra del Fuego (1832-1916)

http://patbrit.org/eng/sams/stations.htm

Tekenika en Isla Hoste

Rev. John Williams

de Tekenika


 

Tekenika Bay, Hoste Island, Tierra del Fuego
Anglican missionary and Yaghan children, 1898

One practical objective of the Anglican missionary work was to prepare the remaining groups of Yaghan natives for western civilization. This was to be carried out through education, and training in vegetable-gardening and domestic skills. However, despite the dedicated work, these goals were thwarted by the extremely high mortality rate of both adults and children.

In the photo, the missionary Mrs. Pringle posed with a group of young boys and girls, dressed in western clothes.

Tekenika Bay, Hoste Island, Tierra del Fuego
Yaghans in dugout canoe, 1898


The dugout canoe is one of the earliest forms of sailing craft, used in different parts of the world. For the Yaghan people of Tierra del Fuego, it was an essential element in their itinerant lifestyle, and whole families spent many hours aboard. Travelling the sea channels in search of marine foodstuffs, they always kept a fire lit in the bottom of the canoe.

Although the Yaghans in this image had settled semi-permanently near an Anglican mission, they had not yet abandoned their traditional means of transport.


 

Tekenika Bay, Hoste Island, Tierra del Fuego
Yaghan Shelter, 1898

 


When Anglican missionaries set up operations at Tekenika in 1892, many of the nomadic Yaghans gathered semi-permanently around the mission buildings. This family was still living in the traditional shelter of sticks and branches, although all were wearing European-style clothes.

Anglican Mission, Tekenika Bay, Hoste Island, Tierra del Fuego
Pre-fabricated building ("The Stirling House"), 1898

This house has a long history, being the oldest-surviving building in Tierra del Fuego. Brought pre-fabricated from Britain, it was first assembled in 1869 at Ushuaia by the missionary Stirling. It was subsequently dismantled and reassembled several times, as the mission moved its centre of operations. Although abandoned in 1916, the house still stands at Río Douglas, on Navarino Island (see modern photograph before the house was translated to Puerto Williams).

In the photo, the missionaries Mr. and Mrs. Pringle are standing in the doorway. Cultural details, such as the curtained windows and potted plants, contrast starkly with the traditional indigenous dwellings. For more images of this mission, see the Tekenika Album.

This house has been restored and now is a historic monument exibited at the Puerto Williams Muuseum.